miércoles, 17 de febrero de 2010

MUTAR

RUTINA

Abriendo los ojos sin poder recobrar las ventanas que desaparecieron
Asfixiado por respirar siempre de la misma forma
Por no poder reinventar la salida del sol o las gotas de lluvia
Igual al levantarse sanear con extremo cuidado los rincones sucios de la anatomía
Adherido al eterno sueño que se parece tanto a estar despierto
Aumentando la velocidad de mis neuronas 0 a 1000 como a punto de despegar
Y luego flexionar los músculos para que adquieran consistencia
Para que repitan secuencias que se hacen costumbre, que se hacen esculturas
Que permiten disipar en un cansancio doloroso y voluntario
El instante de inercia que se rompe, la imposible condición de lo que no acaba.
Precipitación refrescando la armadura que nos transita por la existencia.

Oprimimos los botones rehaciendo la operación conforme pasan los días y vuelven a ser principio.

Pero si nadamos en la fisonomía de quien abre nuestras dimensiones perdidas, de quien adjunta una oración silenciosa a cada bajo sentimiento, de quien perpetua instante, de quien es único por perderse entre la multitud, de quien grita inaudiblemente en el deslizar de la piel.

¿Podremos reconocernos?

EL HOMBRE MEDIO

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